El dolor no se acaba nunca.
Ya lo sé…
El dolor no se acaba nunca.
Ya lo sé…
Cuando era joven leía cosas que no sabía hasta qué punto
no eran poéticas e improbables.
Como cuando describían la mirada de una persona
como melancólica y lejana.
Pensaba que era imposible ver la tristeza en los ojos de la gente.
Pensaba que yo podría ver ojos opacos o brillantes o neutros, o sólo expresando emociones obvias,
si iban acompañados de lágrimas o de una sonrisa.
Ahora entiendo algo distinto.
No sé por qué,
no sé si es la experiencia propia o del mundo alrededor.
Ya puedo identificar a quienes, al mirarlos a los ojos,
sólo poseen un profundo mar que no puedes llegar a imaginar lo que ha vivido.
Los estoy estudiando.
Son ojos que me encuentro de manera recurrente.
Cuando cruzamos la mirada, los escruto y los analizo.
Quiero saber más,
pero tengo la sensación de que no me quieren revelar todos los secretos,
por ser grande el dolor que ocultan y no querer recordarlo.
Y sé que es así, porque es lo que me digo, ante el espejo, cada mañana.
E: La vida…
Creo que lloro cada lunes.
Yo: Lo siento. A veces es difícil.
Supongo que cada comienzo de semana es
como… ufff, más cosas acumuladas y, además,
hacer el esfuerzo básico por seguir adelante.
E: Es difícil lidiar con todo y, al mismo tiempo, intentar
seguir haciendo reír a los demás o escribir para conmoverles.
¿Eres feliz con él?
Yo: No. He descubierto un lado suyo
oscuro que no desearía a nadie.
Estoy atrapada en un callejón sin salida
Y, delante de mí, hay una mano alzada.
Veo que lo que venga hacia mí será violencia
porque lo conozco,
porque ya he estado en este lugar muchas otras veces
y, aún así,
aún así,
escojo recibir el golpe.
Cuando miro a su cara,
en ocasiones veo lo que él podría llegar a ser
y, en mi siguiente parpadeo, al abrir los ojos,
sólo veo crueldad;
veo un monstruo delante de mí
al que no sé cómo he dejado entrar en mi vida.
Y, cuando le miro de nuevo a la cara,
quiero ayudarle.
Y ya no pienso en nosotros,
porque el nosotros no existe
y él hizo lo posible para que no existiera.
Y le miro a la cara y, de repente, me doy cuenta
de que no le conozco
y nunca llegué a conocerle.
Y dejo que me vengan de nuevo los golpes y los gritos
y las mentiras y los engaños
porque quiero ayudarle.
Y dejo que el sufrimiento me consuma.
No por mi propio placer,
ni por imaginar una mejor versión de nosotros,
sino por querer ayudarle.
Y, lo que me consume, es mi piedad y mi ternura
y mi amabilidad y mi deseo.
Porque soy demasiado buena y sincera, me dicen…
Con él, demasiado.
Lo que no desearía a nadie,
no debería deseármelo a mí misma.
Pero, a lo mejor, reteniéndole, sólo intento alejarle del resto del mundo
para que sólo yo sea quien se perjudique de su rabia,
de su inestabilidad,
de su insensatez,
de su crueldad,
de su…
Para que nunca
pueda hacer daño a nadie más.
Porque los dioses que nos conceden el fuego celeste,
también nos hacen donación del dolor sagrado;
quede ahí pues. Un hijo de la tierra
se ve que soy, para amar hecho, y para sufrir.
Denn sie, die uns das himmlische Feuer leihn,
Die Götter schenken heiliges Leid uns auch,
Drum bleibe dies. Ein Sohn der Erde
Schein ich; zu lieben gemacht, zu leiden.
[Friedrich Hölderlin]
I want to live forever
and learn
how much pain
can be endured.
Creo que ya no puedo expresar con palabras el sufrimiento que llevo dentro.
Las palabras
y la poesía se me quedan cortas.
Doblar mi cuerpo
Agarrarme las manos en el pecho
Arañarme
Llorar
Postrarme
Mirar al vacío
Y llorar en silencio
Intentar comprender el ruido en mi cabeza
Controlar
a cada segundo
la rabia y la angustia trasformándolas en lágrimas
No entender el mundo.
Preguntarme si vale la pena entenderlo.
Mirar a través de la ventana y ver la luz y los pájaros…
Los pájaros…
Volar
Eso es lo que necesito
No pensar más
Dejarme ir
Y volar
Y querer arrancarme la piel, como si del propio dolor se tratase, para tirarlo lejos.
Y no saber ya más por qué me afecta tanto.
—
[extracto de Carta a las Angustias de un Amor]
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