Y pensar que, aquella mañana, volví a ver tu amor y el mío
cuando paseábamos de la mano y nos daba el sol en la cara
y, convencida de todo en este mundo,
pensé en decir algo que no hubieras imaginado.
Y pensar que, al día siguiente, me hubiera arrepentido tanto
de aquellas palabras que no esperabas;
y doy gracias a mi prudencia al dejar en pausa
algo que, poco después, me hubiera aún más destrozado.
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