Los recuerdos son una mina destructora.
Un recogedor de alegrías, de despojos y un creador de mentiras y ensoñaciones.
De alguien escuché una vez que el peor sentimiento que uno puede tener es el de culpabilidad.
Y soy trágica.
En la tumba de los lamentos me deshago y descompongo.
Voces humanas entonan una broma que no me sacia y me destroza.
Y recuerdo:
Hacer contigo cosas con quien nadie he hecho.
Revelarte misterios y confidencias que casi nadie sabe.
Y me duele:
Releer planes que ya no se llevarán a cabo.
Acariciar portadas que nunca llegarán a tus manos.
Y recuerdo:
Compartir la autodestrucción.
Detenernos en la felicidad descomplicada.
Y el dolor del recuerdo pesa y se hunde hasta el fondo, formando un poso que ya no se quita.
Y el recuerdo del dolor es alimento para las almas cojas, para las mentes desgastadas y ya perdidas.
