Leo los escritos que dejan los muertos. Las promesas en papel. ¿Quiénes son los culpables? Todos.
Sin saberlo te busco obsesivamente en los objetos y, al darme cuenta, siento que, de nuevo, me volveré a romper.
Y pregúntome quién llenará ahora las tazas y quien beberá esas hierbas de Austria. Si el pequeño cojín verde se separará de Buda y el incienso será quemado en otro salón. Si las capas y sombreros, por falta de uso, mantendrán el brillo. Si las recetas quedarán en el olvido de un cajón.
Conservo lo poco físico que me dejaste. Que conmigo no se irá si me evaporo. Y el recuerdo del amor que ya perdí sin aún yo verlo. Que se esconde tras la gente en las ciudades.

Buscando, otra vez, las líneas de la perfección
