Sé que tienes miedos, traumas, inseguridades, que traes contigo de otras relaciones.
Y yo quiero ayudarte con ello: a superarlos, a sanarlos; e igualmente que tú me ayudes a mí con los míos. Los hablaremos, moldearemos, analizaremos, resolveremos o llegaremos como mejor podamos, entre los dos, a paliar los dañinos efectos que tuvieron en nosotros por separado; y aprenderemos de ellos para que no surjan en nuestra vida común.
Pero no los introduzcas en nuestra relación. No los hagas formar parte de ella. Preséntamelos a mí como individuos que somos, pero no incluyas esos miedos en el espacio que hemos creado, no los vincules con la conexión que nosotros ahora tenemos. Esos problemas son externos, no han nacido en nuestro círculo.
Quiero que veas esta relación como un espacio seguro.
No asocies los miedos con nuestro espacio seguro.
Y los problemas que nazcan en nuestra relación, que no te hagan dudar de la misma. Velos como algo desafiante, como algo que tiene que pasar por aquí pero sin quedarse a vivir. Que sean no algo horrible, sino interesante, y no te hagan plantearte si vale la pena seguir adelante.
