Mi querido Pedro,
Siento tener que escribirte esta carta y no poder decirte todo esto cara a cara. Ya sabes que me cuesta hablarte abiertamente de muchas cosas, pero el tema al que quiero referirme ahora es especialmente difícil y he estado evadiéndolo durante mucho tiempo. Tanto me cuesta, que, aún ahora, mientras escribo, el arrepentimiento por ir a contártelo me invade.
Por favor, querido, no me juzgues mal, aunque, si lo hicieras, lo comprendería. Quiero que sepas que nunca te he deseado ningún mal, y si te he privado de saber algo, ha sido para protegerte. Quizá sólo me preocupé del presente, y no pensé en el mal que vendría después, el dolor y el pesar que podría traerte mi partida.
He de marcharme, mi querido Pedro. He de marchar y la posibilidad de volver a vernos es tan remota que simplemente no existe. Hace ya mucho tiempo que sabía que esto pasaría, por lo que, mentalmente ya estoy preparado para el destino que me espera. Y no sabes cuánto siento esto, porque llega un momento en el que, tanto desde fuera, visto por los demás, como desde dentro de uno mismo, parece que nada importa ya, se siente que uno ha cedido al destino, o que se ha dado por vencido, y que lo esperado es conformidad.
Sé que ya es demasiado tarde y no lo has visto venir. Al menos tan pronto. Al menos no mientras estuviéramos unidos. Lo siento, amor, por lo que está a punto de llegar. Recibiré una visita, dolorosa emocional y físicamente y todo acabará. No te preocupes por lo que ya haya pasado cuando leas esta carta. Estoy preparado para morir… aunque ¿sabes? Pienso en ti y sé que, en realidad, estoy mintiéndome a mi mismo. No estoy preparado. ¿Y de qué sirve mentirme a estas alturas? ¿De qué sirve mentirte? El confort de una mentira está sobrevalorado.
Sigue adelante y no me olvides. Procura mantener una parte del alma anclada a la realidad.
Agradezco te olvidaras la gorra en casa. Ahora al menos una de las últimas cosas que podré recordar vivamente será el aroma de tu pelo y el olor del mar aún impregnada en ella.
Siempre te amaré. Siempre tuyo,
Elías
