Añoro el amor
pero también me cansa.
Uno aprende que el sufrimiento no vale la pena y que, por esto, tampoco es merecedor de nuestra atención aquello que lo provoca.
Añoro el amor
pero también me cansa.
Uno aprende que el sufrimiento no vale la pena y que, por esto, tampoco es merecedor de nuestra atención aquello que lo provoca.