Los colores del otoño ya se han vuelto uno solo en el espacio de los jardines y a las orillas de las vías; uno sólo y mil al mismo tiempo, todos dentro de la tonalidad del rojo, o del amarillo, o del marrón. Según lo mires.
La niña que habla con las plantas ahora habla consigo misma porque ellas no le escuchan, y a riesgo de sentirse más loca de lo que ya está. Arbustos de hojas mustias y negras por el frío se mantienen silenciosos. Las hojas de roble son la única nieve que se pisa y la poca vida proviene de un par de mirlos poco activos que picotean algo invisible entre las ramas.
