Caer, desprenderse del mundo, inundar el aire con el peso de la frustración. Olvidar que el tiempo existe, recordar la pureza del viento de primavera; tantear la posibilidad de no seguir cayendo.
Dejar paso libre a la duda, renunciar a la vida. Reflexionar sobre cómo éramos y añorar los ideales. Pesar cada vez más. Cruzar la línea y rozar la indiferencia.
He aquí el producto del Miedo.
