Supongo que a todo el mundo le gusta la Luna.
De una manera u otra.
Pero no todo el mundo la considera su único Amor. No todos intentan leerla, escucharla, escribirle, hablarle, sentirla, tocarla en la almohada, beberla en el reflejo del río, atraparla en el pensamiento y liberarla en las palabras, perseguirla y buscarla. Cada noche.
No para todo el mundo es ella la inspiración más grande que existe, en todas sus formas, estando y no estando, visible y oculta. Permanente.
Un amor eterno, interno, literario, fogoso, zalamero; un sentimiento y un sentir fuera y más a allá de lo esotérico. En lo palpable, lo intocable y lo sonoro. En la tierra y debajo de ella. En las cortinas de una ventana abierta, en el corazón y en las hojas de los árboles.
