Afortunada o desafortunadamente, hay varias personas que echo mucho de menos en mi vida. Todas estas pérdidas me causaron un dolor que, con el tiempo, se convirtió en afligida melancolía.
Algunos se fueron sin dejar rastro, sin avisar; otros, mi cabeza decidió olvidarlos al instante sin que yo siquiera me diera cuenta; y, otros, fueron desapareciendo sin querer.
Pero fue un dolor sano, sin traiciones conscientes. Desde malentendidos, hasta acuerdos e infortunios.
Dichosa por haber tenido la oportunidad de estar con alguien que valió la pena, hasta donde yo le conocí.
Desafortunada por no haberme agarrado a ti más fuerte.
