Lo que ocurrió ayer me pesa.
– Palabras que solté y que se difuminaron en el aire. –
Ayer tuve la sensación de que, de repente, mis palabras no valían nada; los sentimientos de frustración, que tengo desde hace días, se descontrolaron.
Supongo que mi cabeza le da mucha importancia porque valoro mucho el poder conseguir expresarme a partir de unos sentimientos tan revueltos, y el compartir la creación de esas palabras con alguien.
– Y, aún así, nadie las recogió y no supieron ver el camino antes de perderse. –
Puedo, irónicamente, tomar algo positivo de ello, de toda esa frustración y dolor y pesar, ya que puedo utilizar esto para mí de manera literaria. Ya sabes: los sentimientos amargos y dolorosos alimentan mi escritura y a mi poeta interior torturado.
Lo malo es la posibilidad de que sea una sensación de pesar que se quede estancada dentro de mí.
Lo estoy asimilando; y la frustración de anoche pasó a tristeza de madrugada, y la misma evolucionó, esta mañana, a pesadumbre. Eso me drenó las energías para todo el día. He ido superando las tareas de la mañana y de la tarde hasta que, en el entrenamiento, donde ya se me exigía un rendimiento físico y mental activo, no podía con ello y todo me salía mediocre o mal.
Ya sólo me queda esperar a que el tiempo me haga olvidar parte del asunto y cree una imagen más ligera y velada del día de ayer y de todo lo que ocurrió. Quedarán los sentimientos de alguna manera porque, como ya te he dicho alguna vez, a mí se me olvidan los acontecimientos, pero siempre recordaré la sensación que me dejaron.
No sé qué más puedo decir al respecto, pero ésta es la explicación de mi indiferencia y mi falta de energía. Aún así, puede que no sea fácil que lo entiendas todo.
– O, quizás, no espero que mis palabras lleguen ya a ninguna parte. –
