Han pasado tres horas y media.
Cada diez minutos, o cuando el dolor me da un segundo de tregua, miro el reloj y cuento de nuevo las horas que faltan para tomarme la siguiente tanda de medicamentos.
Me duelen los ojos de llorar, y no sé cuándo mi cuerpo está en tensión o no, ya no lo distingo.
-
-
Entradas recientes
Categorías
