Camino por la noche y busco a la luna. Preciosísima, como siempre, me observa.
Me fascina el espacio.
De repente descubro la distancia que hay entre nosotros (la luna y yo). ¿Cómo será desde su punto de vista? ¿Qué pensará de nosotros, insignificantes unidades que sólo continúan existiendo gracias a la reproducción, y que, sin embargo, como seres individuales nunca ven más allá de cien años de existencia con sus propios ojos?
Miro la tierra que piso mientras ando, y subo la mirada al cielo nocturno. Pienso en el futuro que vemos en las películas y las novelas y las revistas de ciencia. En las naves, en los viajes espaciales, más asequibles y seguros. Quizás allá en el año 3000. Pienso en las mayores posibilidades que tendrá el ciudadano medio de ver La Tierra desde fuera de ella.
Y pienso: Estamos tan en el pasado…
