Y soñé contigo
de maneras que nunca hubiera imaginado;
Dulce.
Que acudí donde estabas, junto a tu amigo,
y tú, de espaldas, no me viste.
Le marqué silencio con el dedo en mis labios.
Me siguió el juego.
En un giro te perdí la pista
y, sin notarlo, apareciste a mi espalda,
dueño ya tú de mí juego;
cazador cazado,
me descubriste.
Pero el cómo, no lo esperaba.
Tomaste, suave, mis hombros con tus manos y te acercaste a susurrarme «hey». Me diste la vuelta, y una sonrisa sincera, que continué, me conquistó.
