Había cerrado los ojos nada más comenzar el despegue. Tuvo la sensación de que, esta vez, le costaría más abrirlos y de que, si algo ocurría, no se enteraría de nada.
Los párpados pesaban más que nunca, y la respiración les siguió el juego. Cada espiración era más larga y pesada, más profunda que la anterior, y le dejaba más vacía.
