Hoy he recordado la promesa que hicimos.
Y me he dado cuenta de que la habrías en parte ya olvidado.
Pero, sea como sea, allí estaré donde dijimos,
«pase lo que pase, aunque se separen nuestros caminos..
(.. que se separarán, sí, lo damos por hecho, lo damos por sabido)».
Así ver la vida de repente ya pasada.
Así observar cómo se envejece
y si el carácter se avinagra.
Allí estaré en cuerpo (posiblemente),
esperando, de ti, una señal;
esperando sin razón a que aparezcas para acompañar aquel café con una sonrisa de tus ojos.
O llegaré en alma (quizás),
compartiendo la luz del mediodía,
codeándonos con el viento susurrante que se desliza en las campanas.
