Apartar la manta y la sábana,
meter los pies y deslizarse hasta el fondo.
Taparse hasta la nariz, cerrar lo ojos y respirar.
Adivinar el aroma.
No saber si lo que viene de repente
son recuerdos o un torbellino descarado de sentimiento melancólico
y placer del hogar y la niñez.
Parecer haber pasado eternidades durante el día;
siento que algo perdí en algún momento
o que hay algo que no sé encontrar.
Apretar fuertemente la sábana
como prometiendo, queriendo jurar que no te separarás
ni olvidarás jamás aquello que
pareces haber perdido u olvidado.
Quiero fundirme en ese olor juvenil
de sábanas limpias, de dulzura y calor maternal que me arropa,
y no salir nunca.
Entre estas sábanas me quedaría.
En este olor a hogar y a niñez.
