Dime, Dios, si hago daño; que, siendo mi deseo de tal dimensión, sólo me doy dolor y he de despejar mis dudas.
Dime, que la dignidad dispone su ánimo a la gloria, y que no he de deshonrar y arrojarme al desaliento.
Los celos te desfalcan, y aun queriendo doblegarte a la creencia, nunca te sientes descansado.
Y es que distan más los corazones de los amantes que cualesquier otros. Que, aunque no quieran, siempre se sienten separados y deficientes.
